Hay artistas cuyos nombres no siempre aparecen de forma destacada en la portada, pero sin los cuales un cómic no sería lo mismo.
Hiroyuki Ooshima es uno de ellos. Colorista, ilustrador y artista integral, transforma cada página en una escena vibrante gracias a su singular sentido de la luz y la atmósfera.
Nacido en el distrito Fukagawa de Tokio, Hiroyuki Ooshima desarrolló su pasión por el dibujo desde muy joven.
A los 17 años, ya se había fijado en la legendaria revista Shūkan Shōnen Jump, un auténtico trampolín para muchos mangakas japoneses.
Pero fue en Reims, Francia, donde decidió forjar su carrera y consolidar su estilo.
Asentado en la región a finales de la década de 2000, Ooshima ha encontrado en el cómic francófono un espacio ideal para fusionar las influencias japonesas con la sensibilidad narrativa europea.
Si bien Ooshima es un dibujante experto, se ha consolidado principalmente como colorista.
Donde otros simplemente llenan las viñetas, él orquesta la luz, juega con las sombras e impregna cada escena con una resonancia emocional única.
Su obra combina la precisión japonesa con la libertad visual del cómic europeo, creando páginas vibrantes, donde cada escena cuenta una historia a través de su color.
Ooshima es uno de esos artistas que se nutre de la creación colaborativa.
Su colaboración con Jean-David Morvan es fundamental en su carrera.
Juntos, han trabajado en varios proyectos donde Ooshima proporciona el arte o el coloreado, como la serie Crime School.
También colabora con Magnum Génération(s), un ambicioso proyecto que fusiona el cómic y el fotoperiodismo, donde aporta sutiles colores narrativos que realzan la fuerza del testimonio visual.
Su talento también se expresa en proyectos más personales, donde explora universos gráficos en la intersección del manga y el cómic franco-belga.
Un puente entre dos culturas
Ooshima encarna esa singular conexión entre Japón y Francia, entre el manga y el cómic.
Ha traído a Europa una precisión y una sensibilidad típicamente japonesas, apropiándose al mismo tiempo de las convenciones narrativas europeas.
Su obra es un puente entre dos escuelas de dibujo, dos formas de contar historias, y es precisamente esta fusión la que le da su fuerza.
Entre Tokio y Reims, entre el manga y el cómic, ha encontrado su propia voz, silenciosa pero resonante en la página.
La obra de Hiroyuki Ooshima demuestra que un cómic no es solo una historia dibujada: es una atmósfera, una vibración, un aliento.
Y esto es algo que Hiroyuki Ooshima sabe hacer como pocos.



